Aprendiendo de ti

 

“En la vida no hay cosas que temer,

sólo cosas que comprender.”

                                              Anónimo

madre-fuerte

Bueno pues ya era hora de voler a coger el teclado y de sacar un ratito para ponerme a despotricar a diestro y siniestro. No puede ser que me pase la vida leyendo los blogs de las demás, que por otro lado no pienso dejar de hacerlo, y que el mío propio lo tenga desatendido.

Es cierto que estoy en una racha que no es de las mejores y el blog lo empecé para hacerme ver a mí y al resto de gente que quiera leerme, que en la vida hay cosas buenas y de las que aprendemos mucho. Esos aprendizajes nos llevarán a estar mejor y a alcanzar una felicidad, que por lo menos, nos permita estar tranquilos. Pero cuando se te juntan una cosa detrás de otra no ves el momento de retomar la tranquilidad.

Como a todas, supongo, no me gusta darme cuenta de que existen situaciones, más de las deseadas, que me hacen sentir mala madre. Esa frase que últimamente leo y escucho a muchas mujeres que sé que pasan por lo mismo.  No es fácil, no. No estamos preparadas, muchas no. Y por mucho amor y dedicación que le ponemos a este trabajo no remunerado (pero el más gratificante para mí) al final algo ocurre.

Desde el verano para acá, parece que todo se ha torcido por el camino. El Azuki ha tenido una pequeña fractura en un huesecillo del pie nada más ponerse a caminar, un golpazo que le ha hecho perder un diente enterito y unos cuantos virus (lo normal) entre los cuales el fatídico Boca-mano-pie a lo bestia. Y como guinda al pastel terminó ingresado por una neumonía  después de pasar todas las navidades con fiebre, tos, moscos…

Y aquí seguimos, sin dormir una noche entera, con fiebre casi todas las semanas y con sus padres que no dan ‘pa más’. Y luego nos preguntan que cuándo viene el segundo….

También es cierto que viendo lo que hay alrededor no nos podemos quejar, que las caídas forman parte del aprendizaje y que debéria hacerme a la idea de que sí ya le ha ocurrido todo esto al empezar a andar, ahora que empieza a trepar y correr se nos va a despeñar, pero tendrá que levantarse, como hacemos todos. Aun así, tengo que decir que tiene mucho que enseñarnos a los adultos.

Su capacidad de supervivenvia y su falta de malas creencias le hacen superar los baches mucho mejor que cualquiera de nosotros por mucho que pensemos que sabemos más. Que un niño de 16 meses se ponga a andar según le ponen una férula y no se queje, sino que se mueva aún más; que con un diente menos, a la hora esté comiendo y siga siendo aún más risueño si cabe, hace que aprendas que la vida es relativizar y disfrutar del minuto siguiente y dejar atrás el momento malo. Aprender esto duele, pero te da pie a pensar que eres afortunada por tener lo que tienes, ni más ni menos.

No está siendo fácil, para nada, pero es un aprendizaje por las dos partes. Y sé que se va a volver a caer, y se va a tener que levantar de nuevo. Y le tengo que dejar caer. Voy a intentar observarle y a ver qué pasa. Puede que tenga un pequeño maestro que ahora me está enseñando una lección imprescindible. Prestaré atención.

Hoy le voy a coger prestado a Raquel del Rosario el enlace a un corto nuevo de pixar muy muy bonito y de paso copio su enlace al blog, como modo de agradecimiento por el material. Gracias.

Corto Piper Pixar

Y gracias a mi pequeño maestro por cada día que me enseña a descubrir desde sus ojos.

Esta vez sí, volveré. Feliz semana.

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