Aquellas maravillosas cuatro ruedas

“El viajar es un placer,
que nos suele suceder.
En el auto de papá
nos iremos a pasear.
Vamos de paseo pipipi
en un auto feo pipipi
pero no me importa pipipi
porque llevo tortas pipipi”

                  Los Payasos de la tele

La verdad es que no estoy encontrando muchos huecos para poder escribir de vez en cuando, pero es que he encontrado una distracción mejor que requiere todo el tiempo del mundo, y encima, lo sabe. El Azuki ya hace un montón de monerías y llama nuestra atención a cada momento, y es imposible negársela. Aún así, sigo teniendo ganas de continuar con esto e imagino que llegará el momento en el que vuelva a coger el ritmo del blog y de todo en general.

El mes de julio, uno de los más calurosos que yo recuerde, hemos estado muy tranquilitos los tres, y la verdad es que ha pasado muy rápido. Estuvimos unos días con mi padre en Cantabria, huyendo del horno en el que se había convertido más de media España. Allí arriba, sin embargo, nos poníamos chaquetita y mantita para dormir, todo un lujo. Hemos pasado allí mi cumple, rodeada de mis chicos favoritos y muy a gusto. Parece que la palabra “tranquilidad” en todas sus formas es lo que vamos buscando a cada momento. Tranquilidad para el Azuki, para nosotros, para lo que nos rodea. Creo que llevo buscándola mucho más tiempo de lo que realmente soy consciente.

Y no era de esto de lo que quería hablar, pero una cosa lleva a la otra y al final termino descubriendo nuevos enlaces a los temas. Yo quería contaros cómo me había sentido yendo en coche de viaje, porque al cambiar la situación e ir con un bebé, me vinieron todos los recuerdos de cuando era niña y viajábamos a Galicia de vacaciones.

viaje-coche

Hacía mucho tiempo que no me iba unos días de viaje en julio. Recuerdo que salíamos a las 6 de la mañana, medio dormidos, en un Peugot 205, blanco. Nos esperaban muchas horas de viaje por delante, más de 6. Íbamos por carreteras que en nada se parecían a las súper autopistas de hoy en día, y por supuesto lo del aire acondicionado era un lujo que no todo el mundo tenía. No se llevaban las sillitas de niños hasta los 12 años como ahora y el cinturón de seguridad atrás no era obligatorio. Pero mi padre sí que los puso.

El viaje era largo y debíamos llevar un arsenal de cosas para entretenernos y para comer algo, y una buena organización a la hora de buscarle el hueco a todo, incluyéndonos a nosotros.

MI madre y mi hermano solían caer dormidos nada más coger carretera. Yo me quedaba acompañando a mi padre la mayor parte del camino. No quería dormirme. Nunca me ha gustado dormir más de la cuenta, es como si tuviera la sensación de perderme cosas. Eso sí, íbamos todo el camino con los cassetes de canciones infantiles (de todas las series de dibujos que podían existir) y de los cuentos del Caserío. Había un ratito que mi padre me pedía poner alguna de sus cintas, para cambiar un poco. Debía llevar la cabeza como un bombo de tanto Oliver y Benji y Juana y Sergio. Y así viaje de ida y viaje de vuelta y un año detrás de otro. No sólo fuimos a Galicia, claro, pero era uno de los sitios que más me gustaban a mí y el último al que fui con mis padres y mi hermano. Ahora lo recuerdo con nostalgia.

Este año el viaje ha sido también en familia, a Cantabria, a ver al abuelo. Pero esta vez los padres éramos nosotros y llevábamos un bebé, en su súper silla, con todos los muñequitos para distraerle, parando cada hora y media o dos horas y sin querer dormirme como cuando era pequeña. Lo bueno es que el enano sí que se dormía, un santo para viajar, no nos podemos quejar.

Sé que no es un post de los más interesantes o emocionantes. Pero a mí este primer viaje con el enano me ha hecho recordar mis viajes de cuando yo era pequeña. Ahora ya casi acostumbrados a ir en avión o en trenes de alta velocidad, parecía que el coche se iba a quedar atrás. Pero por la sensación que he tenido y lo que mi cuerpo y mi nueva situación me demandan, creo que ha llegado el momento de aparcar los grandes viajes para volver a recorrer la geografía española y que el Azuki empiece por aquí.

Eso sí, no me olvido de un viaje que tengo pendiente  a Amsterdam y otro a Nueva York, y él vendrá con nosotros, por supuesto. Pero sea por lo que sea, ahora me apetecen vacaciones en familia, buscando disfrutar de ellos más que del lugar. Aquel concepto que hace un tiempo pensé que había perdido y lo escondí con otro tipo de distracciones, ahora vuelve a mí y lo quiero disfrutar: mi familia.

Y en eso estamos. Ahora viene agosto y ya son tres meses aprendiendo y creciendo. No nos queremos perder nada, así que estamos durmiendo lo mínimo jeje.

Nos leemos otro día, ya no me atrevo a decir si pronto o tarde. Disfruten de sus días de verano, y si se da el caso, de unas buenas vacaciones.