¡Por las hadas!

“La vida en sí es el más maravilloso cuento de hadas.”

Hans Christian Andersen

 

Hace un año, aproximadamente, volvía a casa después de haber pasado uno de los mejores fines de semana de mi vida. Hace un año mis amigas, casi todas allí presentes, me dedicaron su tiempo y me hicieron muy feliz.

Y yo que pensaba que lo de casarse no era buena idea, pues ese día me alegré aún más de haber tomado esa decisión, jijiiji.

Creo que ya alguna vez he mencionado que yo no soy muy devota de las despedidas de soltera, pero reconozco que la mía fue perfecta. Fue lo que yo sabía que tenía que ser una despedida: una reunión con amigas y que todas pudieran estar aunque fuera un ratito. Que sepáis que no eché de menos el Spa, ni el viaje en avión, ni el boys, ni la playa (jijijiji) ni estar alcoholizada…. Simplemente mis amigas me conocen y me hicieron disfrutar tanto que hubo momentos en los que lo di todo, y hay testigos.

Voy a intentar explicar lo especial que fue, y puede que hoy sea un post cortito, pero no iba a dejar que se pasara esta oportunidad de rendir homenaje a personas como ellas.

Y diréis, seguro que te lo imaginabas. Pues no, lo hicieron perfecto. Y mi chico, lo hizo mejor aún. Sobre todo porque ya no sabía cómo seguir reteniéndome en casa. Lo que iba a ser un paseo en moto, se convirtió en una súper reunión en mi casa.

A primera hora de la mañana las hadas inundaron el salón con brillos interminables que venían de sus alas rosas. Desplegaron un interminable desayuno del que disfrutamos todas mientras el sol terminaba de ponerse en lo alto. Y con los rayos más fuertes me transformaron en Campanilla y nos fuimos al bosque.

El Capricho fue nuestro destino, perfecto, no había uno mejor. Las hadas se desplegaron y comenzó la búsqueda. Recorrí el lugar encontrando hadas que me hacían pasar por pruebas que me llevarían a descubrir un tesoro (tal vez). No faltó detalle, ni las risas, ni las miradas de confusión o de vergüenza. Es verdad que en ese momento sientes que no hay nada que no puedas hacer. Ellas están allí y te lo estás pasando como nunca, y lo han preparado para ti. No puedes defraudar.

Cuando terminamos el juego y nos volvimos a reunir, nos fuimos a comernos unos trocitos de la mejor pizza con la mejor compañía, por eso estaba tan buena. Lo que pasa es que calculamos un poco de más y tuvimos que llevárnosla, pero sin problema. Y allí se animó alguna más. Ya por la tarde nos fuimos a un lugar inesperado, del que intentaron confundirme, pero yo sabía que todas las alas estaban allí ya.

Y llegó el momento emotivo, el que me hizo estremecer, de verdad. Que tus amigas te preparen una sorpresa es muy grande, pero que además te dediquen unas palabras diciéndote lo que para ellas representas, es inmejorable. No fue un momento ñoño, ni fue un momento triste, ni nostálgico, ni tampoco descojonante (y perdón por la palabra). Fue un momento mágico, como el que surge de un hada cuando ríe. Mis amigas me hicieron un Dixit describiéndome. En algunos momentos no podía ni leer las tarjetas, todas personalizadas para mí. Y en ese momento es cuando yo no paro de temblar, de llorar, de recordar momentos importantes con todas ellas. Pensar que han estado ahí y que siempre estarán y que a día de hoy puedo decir, que han estado en el momento más feliz de mi vida y también en el más triste. Y ni una sola de ellas me ha defraudado. Si esto no es ser rica, en esta vida, que venga quien sea y me lo diga. Porque sin ellas yo no sería quién soy.

Yo he tenido unos años para conocerlas, y ahora vienen años en los que las voy a cuidar. Y con esto estoy refiriéndome a las que pudieron venir y a las que no también, porque sé que lo hubieran hecho.

Terminé la tarde transformándome en campana. Ro, tienes unas manos que no tienen precio y me hiciste un vestido, con gorro a juego, que me dejó sin palabras (sé lo mucho que trabajaste en él y eso lo hizo brillar más). Me pusieron guapa y nos fuimos a cenar y que yo me echara unos bailes… y ahí lo dejamos.

Por la noche estuvimos de fiesta hawaiana hasta que el cuerpo aguantó. Para algunas acabó pronto para otras intentamos darlo todo aunque fuera de palique. Pero aquello no acabó allí. A la mañana siguiente, y otra vez con los rayos del sol, volvimos a desayunar, porque lo del día anterior fue imposible acabarlo y me dejaron con mi último traje y el que no podía faltar: el de rociera. Llevaba 29 años sin perderme el Rocío y allí que fuimos, con todos los demás, a pasar la mañana y la tarde y bailar. Porque aquello también formaba parte de mí.

Así que además de las fotos, los disfraces, el Dixit y los regalos, me queda grabado en el corazón cada una de vuestras sonrisas de aquel día. Mil gracias por convertirme en hada, sin vosotras no lo sería.

Os dejo algunas imágenes de ese día inolvidable. Hoy he vuelto a releer todo lo que me escribisteis y aún derramo gotitas de rocío 😉

Hadas llegando:

hadas2

Parte del desayuno. Gracias Elena por cocinar tan bien y estar presente aunque fuera de esta forma. Sabéis que sois mi segunda familia:

desayuno

Hadas en el bosque encantado:

hadas1

Dixit:

dixit2 dixit (2)

La reluciente campana, retales de hawaiana y final rociero:

campana aloha rocio

 

Yo siempre lo digo, tener un amig@ es tener un tesoro, así que me considero inmensamente rica, a más no poder. Y dentro de mí siempre tendré un lugar para ellas, y para las que no vinieron pero sé que estaban, porque me lo han demostrado de muchas otras formas.

Os quiero de aquí a la luna…. Y vuelta.

“Polvos por aquí… polvos por allá…. Daaaameeee polvos”

campanilla disney